divendres, 14 de juny del 2013

Capítulo 2: 
Las palabras se las llevó el viento y contigo se fueron tan lejos que y tan rápido, que ni siquiera pude despedirme.
Que solitario es todo esto. No tengo con quien hablar. Cuando intento acercarme a alguien a quien conozco, solo lloran. Les hablo y no contestan, les miro pero no me miran. ¿Seré algún tipo de fantasma? Lo más probable es que es así. Tengo miedo a que mi alma esté aquí encerrada para siempre.
Vi llorar muchas veces a mi madre, quise abrazarla, pero no pude. Era demasiado tarde para mi. Alguna fuerza superior me superaba, no sabía qué hacer. Me pasaba los días y las horas delante de casa, delante de casa de Pablo y delante del colegio. Vi cómo reaccionaban todos, vi como reaccionaba Paula, Lorena y todas mis amigos. Nunca tuve la oportunidad ni siquiera de despedirme. Me duele ver que algunas personas a las que conocía están tan tranquilas y personas que ni siquiera conocía lloraban. Es sorprendente lo fácil que me resultaba ignorar-lo todo. Me dolía pero no podía llorar. Me miraba en los escaparates y en los espejos pero no veía nada. Llevaba aún ese vestido negro. Llegaron todos los amados. Todos estaban tristes. Mi madre derrumbándose del dolor, y yo sin mover un musculo. Observando sin poder hacer nada. Todos los invitados se fueron pero yo me quedé allí. El funeral fue muy raro. Fui a mi tumba, nadie puede imaginar lo que significaba ver mi nombre allí. El cuerpo vacío por mi alma. 
Estaba a punto de irme cuando de repente vi a un chico de negro caminar a lo lejos. Me quedé para ver a quien iba a visitar. No pude reconocer su rostro. El chico de negro llevaba una rosa negra en la mano derecha y una carta en la otra. Se iba acercando hacia mí y pensaba que me podía ver. Cuando estuvo lo suficientemente cerca pude ver que era Pablo. Pasó de largo y fue hacia mi tumba. Allí se quedó y dejo la carta al lado de mi nombre. Y la rosa la sostuvo en las manos. Y empezó a murmurar- Hola, querida Lucía, ¿cómo estás?  Espero que bien. Sé que te he fallado, siento no haber estado allí cuando estabas viva. Te echo de menos pero ahora no puedo hacer nada para volver atrás y volverte a tener en mis brazos. Es extraño pero yo te quería mucho, aunque ahora no me creas. Gracias por todos esos momentos en los que has estado y hacerme feliz. No cumplí con mi promesa, prometí y estar a tu lado y no estuve. Quería que te olvidaras de mí pero jamás pensé que te podrías haber suicidado por eso. Me tengo que ir mi novia me está esperando a fuera. – dijo ese desgraciado. No había pronunciado ni una palabra desde que ocurrió el accidente del balcón, pero al escuchar esas palabras tan frías. Chillé y nadie me escuchó y le contesté a Pablo- ¡Serás gilipollas! ¡Me he caído no me he suicidado por ti cabrón de mierda! ¡Para que digas eso mejor te quedas en casa. Tú llegaste tarde, ¿por qué tuviste que espera tanto? Vienes ahora cuando ES DEMASIADO TARDE, estoy muerta. Vete de aquí y no quiero volver a ver-te porque viva o muerta te voy a hacer la vida imposible.- el viento sopló con tanta fuerza y a pesar de que mis palabras eran mudas para los vivos. Pablo se levantó dejo la rosa y se fue.

Me quedé sentada allí por varios días pensé que me pasaría toda la eternidad en ese cementerio. Aunque en verdad no lo creía así. Quería levantarme e irme a pensar en otro sitio que no fuera este pero no tenía fuerzas. Pasó bastante tiempo hasta que me levanté y fui a pasear por la ciudad. La gente era feliz y sonreía, el mundo funcionaba perfectamente sin mí. Vi a mi madre y no pude evitar acercarme, seguía vistiendo de negro y estaba haciendo la compra. Se la veía triste pero yo no podía hacer nada. Seguía enfadada con Pablo pero es difícil demostrarlo. Nadie me podía ver, ni oír ni sentir, es lo extraño de estar muerta. Cansada de estar tanto rato así me fui a un parque que había al lado de mi casa y me quedé allí. Era precioso ese lugar y lo cierto es que también había mucha gente pero ese era mi hogar o por lo menos así lo sentí. Todo me parecía muy extraño, todo ese ambiente había cambiado pero en el fondo seguía siendo el mismo lugar de siempre. Entre los arboles me escondí y aburrida empecé a jugar con mi cabello rubio. Y de pronto las flores florecieron por un momento y me quedé tan sorprendida. Bueno, los muertos no se sorprenden pero lo más parecido a eso. Se apagó esa luz y el suelo se abrió y caí. Bruscamente me derrumbe sobre el fondo del agujero preguntándome si alguien más podría verlo. Al levantarme se abrió paso un camino luminoso. ¿Eso era el infierno? Caminé hasta llegar a un prado precioso, y alrededor de él,  se extendía todo un bosque delante de mis ojos, un bosque muy extraño. Parecía vivo. Llegue hasta el centro del prado, y caí en un profundo sueño. Mi mundo giraba, todo esto es tan solitario y tan oscuro. No tenía miedo, solo una paz en mi cuerpo.

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