Capítulo 2:
Las
palabras se las llevó el viento y contigo se fueron tan lejos que y tan rápido,
que ni siquiera pude despedirme.
Que
solitario es todo esto. No tengo con quien hablar. Cuando intento acercarme a
alguien a quien conozco, solo lloran. Les hablo y no contestan, les miro pero
no me miran. ¿Seré algún tipo de fantasma? Lo más probable es que es así. Tengo
miedo a que mi alma esté aquí encerrada para siempre.
Vi
llorar muchas veces a mi madre, quise abrazarla, pero no pude. Era demasiado
tarde para mi. Alguna fuerza superior me superaba, no sabía qué hacer. Me
pasaba los días y las horas delante de casa, delante de casa de Pablo y delante
del colegio. Vi cómo reaccionaban todos, vi como reaccionaba Paula, Lorena y
todas mis amigos. Nunca tuve la oportunidad ni siquiera de despedirme. Me duele
ver que algunas personas a las que conocía están tan tranquilas y personas que
ni siquiera conocía lloraban. Es sorprendente lo fácil que me resultaba
ignorar-lo todo. Me dolía pero no podía llorar. Me miraba en los escaparates y
en los espejos pero no veía nada. Llevaba aún ese vestido negro. Llegaron todos
los amados. Todos estaban tristes. Mi madre derrumbándose del dolor, y yo sin
mover un musculo. Observando sin poder hacer nada. Todos los invitados se
fueron pero yo me quedé allí. El funeral fue muy raro. Fui a mi tumba, nadie
puede imaginar lo que significaba ver mi nombre allí. El cuerpo vacío por mi
alma.
Estaba
a punto de irme cuando de repente vi a un chico de negro caminar a lo lejos. Me
quedé para ver a quien iba a visitar. No pude reconocer su rostro. El chico de
negro llevaba una rosa negra en la mano derecha y una carta en la otra. Se iba
acercando hacia mí y pensaba que me podía ver. Cuando estuvo lo suficientemente
cerca pude ver que era Pablo. Pasó de largo y fue hacia mi tumba. Allí se quedó
y dejo la carta al lado de mi nombre. Y la rosa la sostuvo en las manos. Y
empezó a murmurar- Hola, querida Lucía, ¿cómo estás? Espero que bien. Sé que te he fallado, siento
no haber estado allí cuando estabas viva. Te echo de menos pero ahora no puedo
hacer nada para volver atrás y volverte a tener en mis brazos. Es extraño pero
yo te quería mucho, aunque ahora no me creas. Gracias por todos esos momentos
en los que has estado y hacerme feliz. No cumplí con mi promesa, prometí y
estar a tu lado y no estuve. Quería que te olvidaras de mí pero jamás pensé que
te podrías haber suicidado por eso. Me tengo que ir mi novia me está esperando
a fuera. – dijo ese desgraciado. No había pronunciado ni una palabra desde que
ocurrió el accidente del balcón, pero al escuchar esas palabras tan frías.
Chillé y nadie me escuchó y le contesté a Pablo- ¡Serás gilipollas! ¡Me he
caído no me he suicidado por ti cabrón de mierda! ¡Para que digas eso mejor te
quedas en casa. Tú llegaste tarde, ¿por qué tuviste que espera tanto? Vienes ahora
cuando ES DEMASIADO TARDE, estoy muerta. Vete de aquí y no quiero volver a
ver-te porque viva o muerta te voy a hacer la vida imposible.- el viento sopló
con tanta fuerza y a pesar de que mis palabras eran mudas para los vivos. Pablo
se levantó dejo la rosa y se fue.
Me
quedé sentada allí por varios días pensé que me pasaría toda la eternidad en
ese cementerio. Aunque en verdad no lo creía así. Quería levantarme e irme a
pensar en otro sitio que no fuera este pero no tenía fuerzas. Pasó bastante
tiempo hasta que me levanté y fui a pasear por la ciudad. La gente era feliz y
sonreía, el mundo funcionaba perfectamente sin mí. Vi a mi madre y no pude
evitar acercarme, seguía vistiendo de negro y estaba haciendo la compra. Se la
veía triste pero yo no podía hacer nada. Seguía enfadada con Pablo pero es
difícil demostrarlo. Nadie me podía ver, ni oír ni sentir, es lo extraño de
estar muerta. Cansada de estar tanto rato así me fui a un parque que había al
lado de mi casa y me quedé allí. Era precioso ese lugar y lo cierto es que
también había mucha gente pero ese era mi hogar o por lo menos así lo sentí.
Todo me parecía muy extraño, todo ese ambiente había cambiado pero en el fondo
seguía siendo el mismo lugar de siempre. Entre los
arboles me escondí y aburrida empecé a jugar con mi cabello rubio. Y de pronto
las flores florecieron por un momento y me quedé tan sorprendida. Bueno, los
muertos no se sorprenden pero lo más parecido a eso. Se apagó esa luz y el
suelo se abrió y caí. Bruscamente me derrumbe sobre el fondo del agujero
preguntándome si alguien más podría verlo. Al levantarme se abrió paso un
camino luminoso. ¿Eso era el infierno? Caminé hasta llegar a un prado precioso,
y alrededor de él, se extendía todo un
bosque delante de mis ojos, un bosque muy extraño. Parecía vivo. Llegue hasta
el centro del prado, y caí en un profundo sueño. Mi mundo giraba, todo esto es
tan solitario y tan oscuro. No tenía miedo, solo una paz en mi cuerpo.
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