dijous, 6 de juny del 2013



Capítulo 1: 
Sin darme cuenta, caí.
Me llamo Lucía, tengo 15 años y mi vida para comenzar no fue algo demasiado fantástico, ni tampoco divertido. A decir verdad había momentos divertidos y momentos malos, como en todas las típicas historias. Éste septiembre empezó con entusiasmo, y vuelvo a estar entre estas paredes dónde el sueño me vence. El internet que siempre iba mal y los profesores estaban igual de bordes. Un año como otro cualquiera. La misma gente y la misma sensación, volver a la rutina después de unas largas vacaciones. Después de las vacaciones que nunca llegan a ser lo suficientemente largas para mí, todo vuelve a empezar. El viento empezaba a soplar y el frío, la lluvia y los resfriados también eran comunes por esta época. Aunque no precisamente me molestaba, sobre todo ahora, volvía a caminar por esos pasillos tan llenos de recuerdos de esos años dónde los sueños se rompían y se cumplían. Era extraño recordar y pensar que el año pasado sonreía cada vez que veía al Pablo. Y ahora los dos nos encontrábamos en el mismo sitio, haciendo como si nunca nos hubiéramos conocido. Y sinceramente fue duro para mi superar una cosa así, era mi mejor amigo y las cosas acabaron fatal. Pero ahora era mi hora, y quiero ser feliz. Lorena va a mi clase, siempre esta sonriendo, muy pocas veces la he visto llorar. Ella y yo nunca nos habíamos peleado hasta el día de hoy, pero nuestra relación es algo extraña. Ella siempre haciendo el idiota por los pasillos y sonriendo y haciéndome sentir un poco mejor cuando estaba mal.
Y también está Marta con sus cosas de siempre, aunque ahora que la veo ella también ha cambiado mucho.
1º de ESO: El sueño de ese día de lluvia, de nuestro primer día.
Entré por la puerta grande de ese colegio extraño, era la nueva. Aún no había visto ni a Carla ni a Jessica. Carla iba conmigo al antiguo colegio así que suponía que se sentaría conmigo, si tuviéramos la suerte de ir en la misma clase. Jessica la conocí hace poco, este verano, donde iba a ver a Sara, Maria, Sofía y Helena. Unas niñas con las que me lo pasaba bastante bien aunque eran un poco raras.
Vi a Carla al lado de la puerta mirando a todos lados, buscándome. Al ir a saludarla un nerviosismos nos invadió a las dos, era el primer día, y aunque en la primaria nunca nos habíamos llevado del todo bien, ahora tendíamos que estar unidas.  Ni  que sea por un día. Aun no entiendo porque me odiaba tanto. Nos llamaron a todos los de 1r a ir al gimnasio, un gimnasio que más que eso parecía una cueva, de los oscuro que estaba. Pero aun así me alegré de que Carla y yo estuviéramos en la misma clase. Entramos en la clase del último piso, que era una mierda. El sol tocaba en verano y nos moríamos de calor. El viento soplaba en invierno y nos congelábamos. Miré a esa profesora tan rara mirando las caras de sus nuevos alumnos, e iba observando a mis nuevos compañeros de clase. Y cuando acabo la clase se nos acerco una chica preciosa con el pelo largo y moreno. Nunca imaginé que llegaría a significar tanto para mí. Esa niña nos pregunto cómo nos llamábamos y se presentó, Lorena.
Iban pasando los meses e iba acostumbrándome a ese nuevo colegio, pero aún así echaba de menos a mis antiguos compañeros, éramos como una gran familia. Pero prometí que me seguiría viéndolas de vez en cuando.  Y entonces apareció él, un chico tímido, tan bueno, tan tranquilo. Tenía que entrar al comedor a comer, en aquella época aun me quedaba a comer en el colegio, y nos presentamos. Era de tal manera la sensación que sentí. Y aún así no me sentía lo suficientemente fuerte como para eso, pero me sentía bien. Aún así echaba de menos a mis antiguos compañeros, mi familia. Pasaron meses y yo seguía con lo mismo y tampoco veía mucho a mis antiguos amigos. Siempre era la misma historia, las horas del patio me las pasaba observando a ese chico. Ya que ni siquiera me acuerdo de su nombre. En mi estado actual, es difícil acordarse de todos los nombres. Y pensar que tanto significaba para mí en esa época. Al momento de la aparición de Anónimo, también apareció Pablo. Nos hicimos amigos enseguida, claro que cada uno iba por su interés. A mí me interesaba que hablara con Anthony, y a él le interesaba yo. A pesar de que tuviera novia, que viviera bastante lejos él estaba conmigo todo el rato y nos lo pasábamos bien. En realidad significó tanto para mí y al ver ahora que ni nos miramos, en el fondo me importa. Siempre he respectado su relación, y tampoco es que fuera un guaperas. Al contrario, Pablo es un friki, un feo y empollón idiota.
2º de la ESO: Y susurrarle al oído te amo, sin temor.
Empecé el año por sorpresa con buen pie. Lorena y yo nos llevábamos bien. Pablo era mi mejor amigo. Conocí a Ana y a mucha más gente.
La mejor amiga de Lorena, Paula. Con la que me llevaba muy bien, tenía un nuevo novio con el que duró justamente 1 semana. Pero igual me hacía ilusión conocerlo. Quedé con ella y nos quedamos por el barrio. Por casualidad Lorena también había salido un rato y estaba allí. Paula y su novio se querían ir a otro lado, me preguntaros si quería quedarme con  Lorena o irme con ellos. En ese momento decidí quedarme. Y de allí todo empezó a volver-se interesante.
Estábamos cerca de nuestro colegio y sin saber nada, me pilló por sorpresa de que allí estaba Anthony. Me divertí tanto, el corazón me latía rapidísimo y no quería estar en ningún otro lado del que no fuera aquel. Me sentí querida y feliz. Hablaba cada día con Pablo, me hacía reír, me hacía querer vivir. Era mi mejor amigo y me quería, estaba enamorado de mí. Supongo que por eso se interesaba tanto por mí y estaba a mi lado. Me gustaba hablar con él y en aquel entonces me pregunté a mi misma cómo veía a Pablo. Recuerdo que lo veía como mi mejor amigo, la persona más importante, en la que podía confiar para cualquier cosa. La que podía hacerme sonreír y hacerme pensar, ayudarme. En mi corazón lo amaba y deseaba que me besara pero siempre ignoré aquel sentimiento. Tenía novia y además en ese momento me empecé a hablar con  ella, era una chica estupenda. Yo no era así. Les ayudaba y se querían, bueno… Pablo me quería a mí.
Pregunté  por dónde está Anthony, pillada total, Paula ya sabía que estaba fingiendo que no me gustaba Anónimo. Pero aun así calló. Intenté ocultar mi emoción, todos sabían que estaba nerviosa, y contenta. Tenía tantas ganas de verle. Todo el verano me lo había pasado sin saber nada de él. Con cada paso que daba mi corazón iba latiendo más rápido, y fuerte. Esa sensación la conocía muy bien, era tan familiar, tan patéticamente perfecta. Dios mío, llevo tantos años recordando este momento pero, ya no sé ni cómo se siente uno en una situación así. Han pasado tantos años… era tan emocionante.
“Y él estaba allí. Justo dónde le recordaba, sonreí cuando me vio. Me olvidé de respirar. Era él, Anthony, la persona que sueño cada noche. Tengo ganas de abrazarle y susurrarle te quiero, sin temor”

En esa etapa de mi vida, seguía obsesionada por él, pero mi objetivo principal era conocerlo. Saber cómo es. Quien era y cómo se sentía. Verle por dentro, obviamente él no quiso y supongo que eso me dolió. Pero no sufría, disfrutaba de cada segundo. Era feliz porque tenía a las personas más guapas, más bonitas a mi lado. Pablo, Lorena, Ana y Paula.
Cuando conocí a Ana, era una chica muy divertida, era la que más hacía reír a todos. Me hacía sentirme bien. Dicen que las personas más alegres son las que sufren más. Puede que tengan razón. Pero yo no estaba triste, intentaba dar lo mejor de mí. Estar allí para cualquier cosa, apoyo, ayuda. Es de lo que se basa una amistad. Tenía esperanza.
3º de la ESO: “Espero volver a hacerte sonreír en un futuro muy lejano”
Verano pasó rápido quedaba de vez en cuando con  Pablo. Lorena estaba en su pueblo igual que Paula y Ana. No me sentía sola. Aquel verano fue el mejor verano de mi vida, estaba Pablo. Solo él y yo. Nadie más, fue como un dulce sueño.
Era septiembre cuando empecé a salir con un chico, no porque lo quisiera de verdad. Pablo se puso muy celosa. Y finalmente corte con aquel chico. Cuando me enteré que Pablo tenía un rollo con otra chica que no era su novia, sinceramente me puse muy celosa. Él lo era todo.
Recuerdo el día en el que salí del colegio, me iba acompañar a casa. Quedamos a la salida, y cuando la vi con aquella chica. No pude evitar girarme y salir corriendo. Estaba enfadada. Había quedado conmigo, ¿qué hacía ella allí? ¿Porque tenía que quitarme de las manos a la persona que más quería? Pablo era mío. Cuando ya casi estaba cerca de mi casa se acercó y me preguntó porque me había ido. No sabía responder pero hice como si nada para no herirle. La evidencia era que le amaba. Y sí, intenté negar ese sentimiento que me hacía morirme de celos. Hice mal. Pensé que era demasiado tarde. Se pasaba la hora del patio con ella, y no conmigo. Cuando estábamos caminando y llegamos a mi casa. Se me acercó y me beso. Fue el beso más sincero, más dulce. No quería hacerlo, no debí sentir nada. No pude evitarlo. No podía ser, él aún tenía novia. Él estaba de rollo con  aquella chica. Yo era su mejor amiga. Porque tuvo que hacerlo. Es idiota, si jamás me hubiera besado, y si yo hubiera seguido luchando para evitar mis sentimientos y seguir fingiendo… todo hubiera sido diferente. A lo mejor aún estaría aquí hoy en día. Des de aquel día todo fue a peor. Le besé, le amé. Hasta que decidió irse. Decidió quedarse con una niñata que no hacía más que unos meses había conocido. Estaba tan furiosa, tan enfadada, tan dolida… no quería vivir. Recuerdo un día de diciembre estaba tan mal que no podía entrar al colegio en aquel estado. Juro que si Lorena no se hubiera quedado conmigo aquella mañana y hubiéramos hecho campana. Me hubiera muerto de dolor. Lloré todo el día. No podía parar, parecía muerta. No me sentía viva por dentro, me costaba respirar, no quería comer, no tenía ganas de nada. Por la mañana si Lorena no hubiera estado, no tendría ganas de volver a casa. Pero gracias a ella pude, des de aquel día, ella fue mi salvación. Ana y ella hacían que mi dolor fuera menos doloroso. Esa tarde, al llegar a casa hecha polvo, estaba sola. Llamé a Pablo para que viniera un rato, es curioso que a pesar de lo dolida que estaba quisiera verle. Vino y nos besamos. Eso me dio esperanzas y le quería solo para mí. Nada cambió. Nunca me había pasado. No quería escucharle, no quería mirarle a la cara. Simplemente me quería ir lejos. Le pedí perdón por ser tan posesiva, cuando ni siquiera era mío pero eso no  arregló nada. Las promesas, la confianza, los sueños, estaban todos rotos, todo en lo que creía, se había ido. Hoy en día sigue doliéndome. Sabía que no tenía nada que hacer cuando me dijo: “¿Sabes qué, Lucía? Estuve pensando el otro día y llegué a la conclusión de que no quiero que volvamos a ser amigos. Es por el bien de los dos, realmente. No quiere decir que seas una desconocida, solamente que evitaré todo contacto. Espero poder volver a hacerte sonreír en un futuro muy lejano. Adiós Lucía.”
Estaba rota. El tiempo pasaba y nada mejoraba. Seguía resistiéndome y luchando y rindiéndome, humillándome. Todo para que volviera a mi lado. Le necesitaba. Yo no era nadie sin él. Nos hicimos una promesa: el primero que muera, el que quedara de los dos tendrá que llevarme una rosa negra al cementerio, pase lo que pase.
4º de la ESO: Y si…
Estaba en el balcón de mi casa, hacía un poco de frío. Estaba sola en casa, y me había mareado. Así que pensé que era buena idea salir un poco a tomar el aire.
Me acerqué demasiado. De la resta no me acuerdo muy bien. Recuerdo que de repente, estaba en mi calle, abajo. Y vi mi cuerpo en el suelo, sangrando. Ambulancias por todos lados, la gente sorprendida, asustada y preocupada. Yo del suelo llevaba el pijama, pero yo que estaba observando llevaba un vestido negro. ¿Qué había ocurrido? La gente gritaba “se la suicidado, ¡está muerta!, ¡llamen a una ambulancia!”. No podía ser. No podía estar muerta. Eso es imposible.



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